Dentro de la línea de plateado: cómo el vidrio se convierte en espejo
Plata, cobre, dos capas de pintura protectora. Un paseo por la línea donde el vidrio flotado se vuelve reflectante.
El espejo es uno de los objetos manufacturados más antiguos y el proceso ha cambiado menos de lo que cabría pensar. El vidrio flotado entra limpio y transparente. Noventa metros después, al final de nuestra línea de plateado, refleja más del noventa y cinco por ciento de la luz que lo alcanza. En medio hay química, tiempo y muchísimo enjuague.
Sensibilizar, platear, proteger
Primero se sensibiliza el vidrio para que la plata se adhiera. Después se pulveriza una solución de nitrato de plata sobre la superficie y se reduce in situ: la reacción que convierte el vidrio transparente en un espejo ocurre en segundos. A continuación se aplica una capa de cobre para proteger la plata de la migración, seguida de dos manos de pintura que blindan el conjunto frente a la humedad. En un baño cargado de vapor, esas últimas capas son las que separan un espejo que dura veinte años de uno que se ennegrece por los bordes en dos.
La reacción que convierte el vidrio transparente en espejo ocurre en segundos. Protegerlo bien lleva el resto de la línea.
On the Floor
Operamos la línea bajo nuestro propio techo por una razón: el control. Cada variable que determina la vida útil del espejo —concentración de soluciones, pureza del enjuague, espesor de la pintura— está en nuestras manos. Si externalizas el plateado, externalizas la garantía con él.
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